Hábitos
- calmaparahabitar
- hace 6 días
- 2 min de lectura
Me tomé un descanso, sí. Necesitaba tomarme un tiempo para detener, recalcular, volver a mi eje antes de retomar con impulso mis quehaceres diarios para esta segunda parte del año que se viene. Y este plan se ha convertido en algo que quiero adoptar como un hábito. Comencé hace algunas semanas a leer el libro “Hábitos atómicos” escrito por el autor James Clear (recomiendo). En este libro, el autor menciona que “el proceso de construcción de hábitos equivale en realidad al proceso de convertirte en la persona que eres”. Y esto lo conecta con la identidad, pues si no me creo lo que quiero ser, por más que lo intente voy a fallar en convertir simples tareas en hábitos.

¿Qué es un hábito? Consiste en la repetición de tareas que uno internaliza y realiza automáticamente. Precisamente el autor define que “los hábitos reducen la carga cognitiva y liberan la capacidad mental, lo que permite dedicar la atención consciente a otras tareas”. Me pregunto: ¿cuántos hábitos he desarrollado por repetición que no están afín con lo que quiero ser y tengo que desandar? Yo creo que esto es lo más complicado: ejercer un poder absolutamente consciente sobre cada acción diaria para poder corregir lo que hago.
Suelo verbalizar quejas constantemente sin ir a la raíz del problema, elijo la comodidad porque la conozco y me da seguridad. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, dicen. Pero, ¿cuánto de mi vida estoy dejando a un lado por sostener malos hábitos? Anhelo cambios haciendo lo mismo, imposible. Y encima, espero obtener resultados AYER. Verdaderamente imposible.

A veces pienso que sacrifico tiempo al no ver una recompensa pronto, y es ahí cuando pierdo. Cada nuevo paso que elijo a diario suma, siempre suma. No existe un costo hundido en esto, no estoy perdiendo el tiempo. Es importante mantener la mirada calma sobre el horizonte, confiar, seguir. Uno de los claros ejemplos que el autor del libro introduce es una cita de Jacob Riis, un reconocido reformador social de origen danés, quien dijo: “Cuando nada parece ir bien, visito al cantero. Este hombre golpea la roca con un cincel y su martillo, quizás hasta un centenar de veces sin hacerle siquiera una grieta. Sin embargo, al dar el siguiente golpe, la roca se parte en dos. Sé que ese no fue el golpe que rompió la roca, fue la suma de todos los golpes que dio anteriormente”.
Así lo he meditado y lo he decidido en calma. Cada paso que doy, por pequeño que sea, contribuye a un resultado mayor. No lo veré hoy, ni mañana, ni en un par de semanas… Pero un día despertaré y veré ese resultado. Sabiendo que fueron la constancia y la perseverancia las que me llevaron hasta ahí.



Comentarios