Empatía
- calmaparahabitar
- 5 jul
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Cuánto de mi ego no me permite tener empatía. Mi “yo” ante el otro. ¡Cuánto cuesta despegarnos de nuestra realidad para ver con otros ojos! Es que dicen que la empatía significa “ponerse en el lugar del otro”, algo que me parece verdaderamente imposible. ¿Por qué? Es simple: jamás seré capaz de habitar la vida del otro, sus vivencias, sus emociones, sus miedos. Pienso y reflexiono que tal vez puedo llegar a entender al prójimo, pero siendo realista, no podré fielmente vivir como el prójimo lo vive.
Cada ser humano viene de realidades particulares que no se pueden generalizar así como si nada. “Te entiendo”, “Me sentiría igual”, “Hubiera hecho lo mismo”. ¿Es esto posible? Porque la mochila que traigo puesta, mi esencia, mi personalidad única, mis juicios, mis valores, mis raíces, mi día a día no son exactamente iguales. Nuestra razón de ser sólo la sabemos nosotros. Puedo querer entender, puedo querer sentirme igual, puedo querer haber hecho lo mismo pero no será precisamente igual a la manera de un otro.

Es un ejercicio difícil, pero tener la intención es lo más importante. Porque creo firmemente que ahí radica la cuota diferencial del ser humano, de sentirnos parecidos pero aún así siendo diferentes: SER AMABLES, saber y ser consciente que hay un otro que atraviesa dolores, pérdidas, emociones que forjan su accionar, sus pensamientos, sus palabras. Nos podemos encontrar en la calle con una persona que creemos que nos ha mirado de mala manera, o que nos ha hablado de mala gana. ¿Sabemos lo que ha llevado a esa persona a actuar así en ese momento? Hoy, elijo dar un paso al costado y contemplar. Porque lo que esa persona trae consigo no es mi responsabilidad, y no es mi deber hacerme cargo de algo que no me corresponde.
Muchas veces tengo el impulso de contestar, de no dejar pasar esas malas actitudes. Y así es como brota en mí el enojo y me convierto en eso mismo: devuelvo lo que me acaban de dar. ¿Qué diferencia estoy haciendo? Ninguna. Solo mi ego busca defenderse, hacer justicia, porque lo que he recibido del otro no es justo para mí. ¿Por qué lo recibo? Y se me viene a la cabeza en este momento un viejo proverbio de Buda que dice así:
El arte de elegir qué cargar
En una ocasión, mientras Buda compartía sus ideas y reflexiones con un grupo de personas, un hombre se le acercó de golpe. Lleno de prisa y hostilidad, empezó a gritarle insultos e intentó agredirlo. Sin embargo, Buda se mantuvo presente, escuchando de verdad en un silencio tranquilo, sin reaccionar ni intentar imponer ninguna verdad.
Cuando el agresor se cansó, se dio la vuelta y se retiró.
Uno de los presentes, indignado por la situación, se acercó a Buda y le preguntó por qué había permitido que lo maltrataran de esa manera. A lo que Buda, con total honestidad, respondió con una pregunta sencilla:
—"Si yo te doy un regalo pero tú no lo aceptas, ¿de quién sigue siendo ese regalo?"
—"Si no lo acepto, sigue siendo tuyo", contestó el hombre.
—"Bueno, con la hostilidad de los demás pasa exactamente lo mismo", explicó con la calma de quien entiende cómo funciona el día a día. "Los insultos y la mala energía son un paquete que te quieren entregar. Tu eliges si lo recibes o no. Si lo recoges, lo aceptas y cargarás con un peso ajeno; si no lo recoges, quien te insulta se queda con eso en sus propias manos. No podemos culpar al resto por nuestra decisión de aceptar lo que nos dan. Por eso, frente a su hostilidad, yo elijo poner un límite, no recoger el regalo y seguir caminando en calma".





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