Actitud
- calmaparahabitar
- 16 may
- 2 min de lectura
A veces me pregunto cuánto del mundo exterior ha intervenido en mi actitud frente a una situación. O tal vez, lo aprendido en casa se ha impregnado en mi manera de enfrentar la vida, y eso condiciona mi actitud. Sé que mi actitud me ha servido como un gran escudo protegiéndome de lo que pasa allá afuera. Aunque es difícil para mí controlar lo que hay debajo, a veces suprimiendo emociones que tarde o temprano salen a flote.

Quienes me conocen me describen como una persona firme, exigente y tenaz. ¿Ha sido mi escudo o realmente soy yo? Porque por momentos dudo si estas características son positivas o, no del todo apreciadas. Me convenzo de que me han ayudado a llegar a dónde estoy, a delimitar mi personalidad. Pero también me describen como una persona sensible y emotiva en contraposición a la firmeza, a la exigencia y a la tenacidad. Muchos dirán que las emociones son una debilidad. Yo creo que gracias a ellas somos capaces de recordarnos que estamos acá por un tiempo limitado. Es por esto que vivimos con cierta intensidad.
Viendo la película Interestelar, me anoté una afirmación de la trama: “Las máquinas no improvisan bien porque no conocen el miedo a la muerte como el ser humano. El instinto de supervivencia es la mayor fuente de inspiración humana.” No reniego de mis emociones porque me recuerdan justamente esto: SOBREVIVIR. Al fin y al cabo, todas las noches ponemos la alarma dando por sentado que al otro día despertaremos. Esa confianza extralimitada de que nada nos pasará, que todo estará bien. Y no lo sabemos con certeza, solo nos convencemos de que así será. Y cuando sucede algo repentino que moviliza esta convicción, aún así improvisamos, buscamos la manera de sortear la mala racha. Esto también es parte de nuestra actitud. Por vivir, porque queremos buenas y grandes cosas, y hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para lograrlo.

Nuestra capacidad de improvisación nos permite adoptar más de una actitud, pero hay algo que se mantiene, algo que nos define. Y el primer instinto, creo yo, es ese “algo”. Lo primero que nace al sentir, decir, escuchar, hacer. Ese algo en mí es la JUSTICIA: una búsqueda incesante en todo lo que veo, hago, digo, escucho. Pero esa reflexión, la continuaré en el artículo de la próxima semana.



Comentarios