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Miedo

Foto del escritor: calmaparahabitar
calmaparahabitar
16 ago
2 min de lectura

Desde mi niñez me han rodeado historias poco felices de situaciones que vivieron familiares y personas cercanas a mi. No he podido evitar pensar que estar preparada ante cualquier posible eventualidad sería la mejor manera de enfrentar lo imprevisto. Desafortunadamente el miedo se apoderó de mi mente pasando a ser una constante en mi vida. 



Los síntomas físicos que me atrapaban nublaban mis pensamientos. No lograba encontrar paz por tener miedo a que algo malo pasara. Cuando vivía algún momento de alegría enseguida pensaba que para equilibrar la balanza algo malo iba a pasar. Me sentía culpable por disfrutar. Tuve que comenzar terapia,  no tenía otra opción. Me decían que el miedo era algo bueno, porque la mente humana sólo busca sobrevivir y, es por ello que desarrolla este mecanismo de defensa para enfrentar cualquier situación. Pero, ¿hasta qué punto es sano sentir miedo?.


Después de analizar lo que me pasaba, entendí que mi mente era mi peor enemiga. En ese afán por sobrevivir, me estaba destruyendo. ¡Qué irónico!. Invierto tanta energía en seguir contemplando la vida pensando qué puedo hacer para estar preparada. Las cosas pasan, porque sí. Algunas porque las buscamos, otras porque simplemente nos toca vivirlas. No entiendo ese cliché de pensar: “por qué” lo vivo, sino “para qué” lo vivo. Creer que tengo que vivir algo, no importa qué ni cómo, para obtener una enseñanza me parece injusto. Porque estoy segura que existen infinitas posibilidades de situaciones que puedo vivir para obtener la misma enseñanza pero sin tanto sufrimiento. 


Tengo batallas mentales todos los días. Los pensamientos van y vienen. Tratar de encontrarles un sentido me agota. Es por esto que decidí no otorgarle el poder a mi mente, sino aprender a convivir con ella y también a ponerle límites. ¿Qué pasa si algo malo sucede? ¿Qué tan distinta puede ser mi situación a la de otro que vivió algo similar? La comparación con el otro como referencia en la salud, en el trabajo, en la vida parece ser la primera salida de escape. Sabiendo que otro la pasó o la está pasando peor que uno, nos tranquiliza. Nos pone en perspectiva que podríamos estar en una situación peor. No deja de ser nuestra mente, ese ego innato, que siempre nos antepone como método de supervivencia. Es agotador. 



Al final del día es mi vida, yo puedo controlar mi reacción ante lo que me pasa. Es el único poder que nadie me lo va a quitar, ni mi propia mente. Yo puedo construir la manera de elegir qué me afecta y qué no. Y si algo me desborda, pausar por un momento es lo que me traerá la calma. Estar preparados no nos garantiza que obtendremos los mejores resultados. Tampoco dejemos de ser precavidos, pero en su justa medida. La vida pasa, y pasará como sea. Así que vivamos el hoy y transitemos nuestra vida buscando la calma.


 
 
 

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